jueves, 11 de diciembre de 2008

Noticia Fantasma

Ya es casi un hecho. Marco Antonio Figueroa viene a dirigir a Católica para la temporada 2009. Achondo le hizo la chanchada a la gente de Cobreloa y les levantó al Fantasma minutos antes de que éste estampara su continuidad en el equipo de Calama. La suma ofrecida bordearía los 20 millones de pesos mensuales, casi el doble de lo que el calvo iba a percibir en el norte.

Antes de pronunciarme sobre las virtudes o defectos de Figueroa, mencionaré un par de consideraciones sobre la maniobra en cuestión. No es primera vez que la dirigencia de la UC procede con este tipo de artes mañosas, reñidas con la moral y las buenas prácticas. Dicho sin eufemismos: tenemos dirigentes arteros, propensos a las cochinadas, noticia nada nueva ni en Católica ni en ningún equipo chileno en general. Lo peculiar del caso es que esta gente dice tener valores intachables; se llaman a sí mismos “hombres buenos” y “cruzados caballeros”, y se jactan de proceder siempre rectamente en la administración, en los deportes, en los negocios y en la vida en general. O sea que aparte de sucios son tartufos, y eso tampoco es nuevo ni en la UC ni en otros clubes. Si no veamos a Gerardo Mella, otro que sabe, y mucho, al respecto. “De caballeros no tienen nada esos cruzados”, exclamó hoy, con razonable indignación, el señor Mella, quien se dice mero dirigente aunque todos sepamos que sigue presidiendo a Cobreloa con su característica mano dura, fascista y mafiosa, que tan efectivos resultados otorga en medio del desierto.

No tiene sentido ser chauvinista, razón por lo cual hay que reconocer la verdad manifiesta en las palabras de don Gerardo. Otra cosa es que no sea el hombre con más autoridad moral para formular juicios de valor sobre sus pares, pero tiene razón. Achondo y compañía ya lo hicieron en la antesala del 2004 con Huachipato, cuando levantaron a Oscar Garré en desmedro del acuerdo de palabra que este último tenía con los dirigentes sureños. Y en desmedro, también, del preacuerdo que la UC tenía con Arturo Salah. El desastre que siguió a eso es por todos conocido, al punto de que se puede afirmar que Garré fue lo peor que le ha pasado a Católica en los últimos treinta años, dato no menor y estadísticamente relevante en una lista de numerosos bellacos que han dejado su huella en el club: Oscar Meneses, Wim Rijsbergem, el mismo Fernando Carvallo en su último período, entre otros.

Dicho esto, cabe evaluar si el procedimiento de Achondo, o su sinvergüenzura, es de por sí condenable. Si lo juzgamos por sus intenciones, claro, la maniobra es poco ética; más allá de eso no vamos a llegar, como no sea una reflexión sobre la naturaleza humana y el constante problema del deber ser entre los hombres. Pero si juzgamos al acto por sus consecuencias, como aconseja Nietzsche, podemos llegar a otras conclusiones. En el caso de Garré, claramente, la chanchada resultó nefasta. ¿Pero quién asegura que esa es la ley de toda sinvergüenzura? Nadie sensato y con cierto conocimiento de historia pensaría algo así. Yo juzgo, en suma, que si la matraña da resultados no tiene por qué ser mala. Y me atrevo a creer que la apuesta del Fantasma en San Carlos puede resultar positiva. Por una vez, bien Achondo.

Bien porque un tipo con el carácter de Figueroa es lo que hace falta. Alguien que no tenga problemas en pararle los carros a Lucho Núñez por su impresentable estado físico; alguien que le recuerde a Eros Pérez que hay que correr todo el partido; a Buljubasich, que lo suyo es atajar; a Imbóden, que hace un tiempo supo cabecear; a Ibarola, que hay que encarar y hacer goles. Como lo hizo con Mannara en el norte. Y en fin. Alguien que mande cagando a su casa a Caggiano y Gianni y que no aguante que la dirigencia le arme un equipo inservible. Si Figueroa hace gala de la mitad del temple que mostró en Cobreloa, ya se puede decir que estamos haciendo un progreso.

Tal vez no tiene el perfil ni el biotipo del tipo educado que siempre piden los cagones de siempre. Al diablo con eso. Estamos aburridos de gente circunspecta que no sirve para nada. A Figueroa, además – y lo más importante-, le gusta que sus equipos jueguen bien, que vayan al frente, presionen al rival en la salida y armen juego ofensivo. No se entretiene haciendo experimentos insulsos y pone a los jugadores en sus puestos. No deberíamos volver a ver a Valenzuela de lateral derecho, al Pupi Vásquez oficiándolas de central, a Mirosevic o Núñez jugando de diez o a Marcos González de centrodelantero. En suma, estaríamos en condiciones de parar de hacer el ridículo.

Es por eso que celebro esta noticia que aún no se confirma plenamente pero que, a la luz de lo que hay, tiene toda la traza de una certeza. Aplaudo la chanchada y el hecho de que por una vez se decidan a invertir en alguien que, en apariencia al menos, tiene una idea ganadora en mente. Ojalá esa prodigalidad siga a la hora de armar el equipo que el nuevo técnico requiera. Esperemos, también, que esto no pase de una mera fantasmagoría. Queden mis manos al fuego al afirmar que ahora no será así.